martes, junio 18, 2013

La extraña manera de pacificar de Scioli

El gobernador Daniel Scioli no para de sorprenderme. Acaba decir en la ciudad de Mar del Plata (martes 18 de junio) cuando entrego patrulleros: “Esta semana dimos un avance importante en la ley de desarme y pacificación; aquel individuo que tenga antecedentes y sea sorprendido con un arma será detenido y no saldrá en libertad". Pero, al mismo tiempo... "Volcaremos más policías a la prevención y al combate de la inseguridad. Mañana se sumarán 4.000 alumnos a nuestra Policía”. “No puede ser que tengamos que destinar hasta 3.000 policías para acompañar a los violentos a las canchas, por eso tomamos la decisión de sacar a los hinchas de visitantes”. PREGUNTA: ¿DE QUÉ PACIFICACIÓN ESTA HABLANDO? Pacificar a través de la militarización de las fuerza, pacificar a través del policiamiento de la seguridad. Eso será como echar más leña al fuego. Pero bueno, ya sabemos que en tiempos electorales se corre por derecha y con el caballo del comisario.

miércoles, junio 05, 2013

BERNI = CASAL

 
Para los que piensan que Berni es diferente a Casal, les dejo estas declaraciones de Batmam (SuperBerni) a la prensa hoy a la mañana. Aclaro, estas declaraciones las hace cuando el kirchnerismo histeriquea al sciolismo, pero cuando el gobernador Scioli propicia un proyecto que restringe las excarcelaciones en casos de robo con uso de armas por idénticos motivos y en sintonía con CFK. Como dice un amigo, en coyunturas electorales, "se corre por derecha" y "con el caballo del comisario".
 
 
Dijo Berni sobre la “inacción de la Justicia”: “Nosotros trabajamos para sacar a los delincuentes de la calle y la justicia los deja libres" dijo y ejemplificó que “en el delito de robo a mano armada hemos puesto en lo que va del año a 540 delincuentes a manos de la Justicia, de los cuales más de 100 habían reincidido y ni siquiera habían sido procesados.” “Hay jueces buenos y malos, tengo un gran respeto por los magistrados que están todo el día trabajando y que no les tiembla el pulso cuando hay que condenar a una persona”, indicó y aseveró que “es muy difícil para un policía que sale a calle todos los días y se pone el chaleco antibalas para garantizar los derechos de los ciudadanos, todos los días se encuentran con la misma cara del delincuente que detuvo el día de ayer”. “No se trata de garantismo ni mano dura cada uno hacer el papel que le corresponde y asumirlo con la mayor responsabilidades”, agregó.

jueves, mayo 30, 2013

Segundo round de Justicia Legitima en la ciudad de La Plata



UNA JUSTICIA LEGÍTIMA ES UNA JUSTICIA DEMOCRÁTICA*



Por Esteban Rodríguez


“Justicia legítima” es un soplo de aire en un ambiente donde el clima está enviciado. Pero cuando los interlocutores que se autoreferencian como protagónicos en este debate sui generis son todos juristas, se corre el riesgo de reproducir aquello que se quiere cuestionar. No sólo porque sigue siendo un debate corporativo, que sólo involucra a los actores que orbitan al poder judicial, sino porque se organiza alrededor de la voz cantante de los popes de siempre. No sólo están ausentes los sociólogos y los carniceros, sino los poetas, estudiantes, las putas y sobre todo, aquellas personas que aguardan una sentencia encerrados en prisión. Como si la justicia fuese una discusión que sólo interesa a los juristas, un tema de su exclusiva incumbencia y propiedad. Más allá que muchos de aquellos sean juristas prestigiosos -y me apresuro a decir que cuentan de antemano con nuestra admiración-, y que tengan la capacidad de hacer síntesis y por eso mismo constituirse en la voz cantante de muchos otros sectores, si en realidad quieren ser consecuentes con lo que predican, es decir, democráticos, si lo que está en juego es una justicia democrática, el debate debería amplificarse.
Eso por un lado, porque por el otro, en cuanto a los juristas que participaron del evento, las voces que se escucharon en la Biblioteca Nacional fueron la de aquellos que viven en la gran ciudad de Buenos Aires. Cuando le llegó el turno a los magistrados o defensores de Jujuy, el tiempo se había acabado. Era muy tarde para seguir discutiendo. Llamativamente el orden de los expositores coincidió con los que tuvieron algún protagonismo en los medios las semanas anteriores.
Salvo honrosas excepciones nadie se animó a hablar con nombre y apellido. Se llamaron las cosas por su nombre, pero esas cosas estuvieron envueltas en el anonimato. Claro, había mucha gente con el culo sucio entre la audiencia. Había opus dei y duhaldismo duro, algunos maltratadores de los trabajadores judiciales, y algunos magistrados que continúan brillando por su ausencia durante los días laborales, que viven de feria. Y también había mucha parentela, mucha familia judicial. Muchos de estos, ya habían lavado su conciencia con los juicios de lesa humanidad contra los militares y sus cómplices. Pero ahora quieren hacer valer su peso específico. No somos partidarios de la teoría de la manzana podrida. Creemos que la justicia no se va a democratizar sacando las manzanas en mal estado. Hasta que no se modifique el canasto que las contiene, se pongan en crisis las rutinas judiciales (clasistas, machistas, elitistas y patoteras) se van a seguir pudriendo todas las piezas. Pero eso no significa que Justicia Legítima deba prestarse para lavar las conciencias de los funcionarios que soplan para donde corre el viento.
No somos ni infantiles ni puristas. Estamos de acuerdo también con la recomendación que Perón le hizo a Cooke cuando éste lo acosaba con su correspondencia y corría por izquierda al General: “Los leales y los desleales cuentan sólo para construir y debemos manejarlos a todos porque sino llegaríamos al final con muy poquitos. Por otra parte hay dos clases de lealtad, la de los que son leales al Movimiento y los que son leales cuando no les conviene ser desleales. Con ambos hay que contar: usando a los primeros sin reservas y utilizando a los segundos, a condición de colocarlos en una situación en la que no les convenga defeccionar. Al final, no hay hombres buenos ni malos, más bien todo depende de las circunstancias, aunque para conducir es siempre mejor pensar que muchos son malos y mentirosos.” No estamos pensando en la lealtad sino en la crítica, aunque es cierto que para muchos de los que estaban allí presentes lo que estaba en juego era la lealtad. “Justicia legítima” necesita a los buenos pero también a los malos de siempre. El punto consiste que tengamos en cuenta que dentro de este tren, además de la mujer maravilla está Drácula y el hombre lobo, que nadie se haga ilusiones entonces. Más aún cuando unos cuantos se apresuran a ser más papistas que el papa y confunden la crisis de justicia con las falta de lealtad, la independencia con la obsecuencia. Y que conste que no renegamos de la militancia política al interior del poder judicial y el ministerio público. El campo jurídico, como cualquier otra esfera es un espacio tensado entre diferentes actores, atravesado de disputas de poder, desiguales y combinadas. No hay carmelitas en sus claustros. Allí se tejen alianzas y se rompen acuerdos como en cualquier otro campo de poder. Las relaciones son cambiantes y los procesos no son irreversibles. Como lo demuestra la cantidad de figurones que se acercaron hasta “Justicia legítima” para lavar su consciencia y de paso quedar bien parados otra vez. Como siempre! Pero entendemos que hay disputas principales y secundarias y que no se puede batallar en todos los frentes al mismo tiempo. Eso no quiere decir que estemos todos en la misma vereda, jugando el mismo juego y pensando las mismas cosas. Aunque pueda sorprendérsenos visitando los mismos auditorios.
La sensación que tenemos es que seguimos “rodeados de viejos vinagres”. Dylan tenía razón al señalar que cuando los funcionarios se quedan sin pelo tienen que dar un paso al costado. Digo: Para cambiar la justicia tiene que haber un cambio generacional también. Estamos de acuerdo que la juventud es una tarea pendiente que no llega con la edad. Que hay viejos que siguen siendo jóvenes, y jóvenes viejos que se saltearon la juventud. Pero la justicia, para democratizarse, necesita de ideas nuevas y otra sensibilidad, es decir, de ideas más cercanas a la realidad, que sean permeables a la realidad con la que nos medimos nosotros diariamente.
La legitimidad para la justicia dependerá de la habilidad de sus anfitriones para convocar al resto de la sociedad a un debate que no empieza y termina en la organización de una nueva asociación. Levantar ese muerto, después de tanta crisis de representación que se traduce en una desconfianza recurrente, implica participar a toda la ciudadanía en la administración de justicia. Que así sea.



* Ensayo publicado en La Grieta Digital Nº 8 del mes de mayo.

lunes, mayo 27, 2013

LA JUSTICIA SIN CORONITA




EDITORIAL:

Se ha dicho que la justicia es el poder menos democrático de todos. No sólo porque está compuesto por una cohorte ilustrada, sino porque ha sido el poder que menos cambios ha recibido tras el retorno de la democracia luego de la última dictadura cívico-militar. No solo el plantel es el mismo, también las prácticas que la componen. Pasan los gobiernos, se renuevan los legisladores, pero los jueces son siempre los mismos jueces. Se sabe: los jueces son inamovibles, están hasta que la muerte se los lleve. Pero como dice el refrán: “muerto el rey, viva el rey!” Siempre habrá un pariente que se haga cargo de los despachos pendientes. La justicia es mucho más que una corporación, es una gran familia, la cosa nostra. Un poder compuesto por una minoría que se autoperpetúa a través del nepotismo, los privilegios aristocráticos y una jerga exclusiva que manipula con arrogancia, socarronería, vanidad, cinismo y patoterismo.
El poder judicial es una postal de la historia argentina, nos habla de las derrotas y los desafíos pendientes. Una justicia donde sólo caben los ricos y los blancos. Donde los blancos se ensañan con los negros y donde se cuida la propiedad de los ricos y sus negocios ilegales. No hay crímenes complejos sin burocracia y pereza judicial. Pero la burocracia, esa gran maquinaria de “convalidar letras y firmas”, es la gran excusa para no perseguir el delito de cuello blanco.
Después de tanto neoliberalismo, tanta desigualdad social, empecinarse en sostener el cuentito de que “todos los ciudadanos somos iguales ante la ley” parece una broma pesada, una manera de perpetuar las injusticias sociales. La desigualdad real tiene que ser el punto de partida para pensar una justicia democrática. En una sociedad con una estructura social desigual, la justicia tiene que sobreproteger a los sectores desaventajados.
Una apuesta difícil, llena de contradicciones, riesgos y tentaciones demagógicas. Más aún cuando el debate se produce más acá de una reforma constitucional; cuando muchos de los protagonistas tienen el culo sucio y, sobre todo, cuando muchos funcionarios judiciales, rápidos en reflejos, corren para donde sopla el viento.
La pregunta por la justicia es una pregunta que va más allá de las reformas. Pero los proyectos presentados por la Presidenta movieron finalmente el avispero. Poner en crisis esta justicia elitista, clasista, racista y misógina, requiere de un debate profundo, pero necesita además tiempos largos que hay que saber militar sin bajar la guardia. Mientras tanto seguiremos diciendo que “no hay maldita policía sin maldito poder judicial”, y la justicia seguirá siendo aquello que se diferencia y distancia de la democracia nacional y popular. 

Escriben Ileana Arduino, Juan Tapia, Gabriel Ganon, Julián Axat, Mariano Gutierrez, Esteban Rodríguez y Juan González Moras. Para ver el numero de la revista hacer clic acá. 

miércoles, mayo 15, 2013

Periodismo y derechos humanos




PERIODISMO Y PROTOCOLOS*

Por Esteban Rodríguez

El respeto de los derechos humanos y la preservación de la democracia necesitan del “buen hacer informativo”, tarea que no puede quedar librada a su suerte o cargarse a la cuenta de los periodistas o los editores responsables, mucho menos de los empresarios. Si la libertad de prensa no es un derecho absoluto, eso quiere decir que puede ser objeto de discusión y regulación pública.
Con la protocolización del quehacer periodístico se busca adecuar el tratamiento informativo de los hechos a los estándares internacionales de derechos humanos. Protocolizar significa establecer una serie de criterios que orienten la redacción o presentación de una noticia en radio o televisión.
La protocolización implica abandonar el modelo de periodismo forjado en el siglo XIX, que sostiene que el periodismo, como cualquier oficio, es algo que se aprende en la calle, en la sala de redacción, midiéndose con la máquina de escribir todos los días, al lado de un maestro-referente que apadrina o guía, que sabe trasmitirnos los secretos del oficio de escribir. Esta visión romántica es tributaria de la historia que le tocó. Hoy en día, las sociedades son mucho más complejas, hay más conflictos, más actores con más problemas y esos problemas, con todos sus actores, deben ser atendidos no perdiendo de vista los estándares internacionales de derechos humanos, las viejas y nuevas conquistas sociales producto de las luchas previas que el propio Estado debe garantizar. La democracia necesita de otro prototipo de periodista y de otra manera de hacer la información.
Hace rato que la labor periodística viene siendo objeto de reflexión y regulación. Prueba de ello son los “manuales de estilo” y “los códigos de ética”. El problema que tienen estos marcos normativos es que son declamativos: sólo estipulan principios enunciativos que no tienen un carácter vinculante para los editores o periodistas. Se trata de declaraciones de principios que sólo obligan moralmente al periodismo. Estos códigos deontológicos funcionan de la misma manera que los Diez Mandamientos: sólo se limitan a decirnos lo que no debemos hacer, pero nunca nos dicen cómo debemos hacer para no hacer lo que no se debería hacer.
Por el contrario, los “protocolos de procedimiento profesional” no son tratados morales, una declaración de buenas intenciones, un listado de aspiraciones. No establecen principios, sino procedimientos a los que debe adecuarse la producción periodística. Se trata de hacer del periodismo un acto deliberado y no automático o romántico. Cuando escribe la noticia que eligió o le dijeron que escriba, el periodista deberá seguir determinados pasos. Con ello se busca tener en cuenta y respetar los derechos de los actores involucrados en cada noticia, así como también garantizar la calidad informativa para enriquecer el debate que necesitan las democracias.
El objeto de los protocolos no es el contenido, sino el procedimiento. No le dicen al periodista qué tiene que decir, sino cómo hacerlo; no le dicen sobre qué escribir, sino cómo debe hacerlo para que no vulnere los derechos de las personas involucradas en esa noticia y para que la ciudadanía reciba información de calidad.
Otra diferencia con los códigos deontológicos hay que buscarla en sus autores. Si los manuales de estilo son redactados por las empresas periodísticas y los códigos de ética por los gremios de la prensa, los protocolos son el resultado de un debate colectivo que debe involucrar a diferentes actores donde, además de las empresas periodísticas y los periodistas, contemple las carreras de comunicación social y periodismo con sus equipos docentes, investigadores y estudiantes; los distintos movimientos sociales; sindicatos; partidos políticos; el Estado; juristas; otras organizaciones de la sociedad civil, etcétera. El debate sobre la información no puede ser un debate corporativo, tiene que ser el fruto de una discusión abierta y vigorosa.
En definitiva, los protocolos son instrumentos a través de los cuales la ciudadanía podrá después pedir que el periodismo rinda cuentas por las noticias que escribió. Esto es lo que algunos han llamado Sistema Ciudadano de Rendición de Cuentas de los Medios, que funcionan como mecanismos de equilibrio y contención de los medios. Si la sociedad civil no cuenta con sistemas de control externos, si los mass media están exentos de cualquier tipo de control social (y que conste que no digo gubernamental), tienden a desbordarse y a pensar la realidad con los intereses de las empresas. Cuando eso sucede –como ahora–, estaremos en problemas. No sólo la democracia, sino la vigencia de los derechos humanos.

* Este artículo fue publicado en el diario Página/12 en la edición del miércoles 15 de mayo de 2013.
La pintura que ilustra esta nota pertenece a San Poggio, artista de la ciudad de La Plata.

martes, mayo 14, 2013

BERNI: El pez por la boca muere



¿No era que la batalla entre pandillas era un problema de Rosario? No se puede pensar la seguridad con las coyunturas políticas. ¿Y como era eso del narcosocialismo? 
Pelea fatal en una villa
Dos hombres fueron asesinados en la localidad bonaerense de San Alberto, partido de La Matanza, durante un tiroteo entre dos bandas que efectuaron al menos 143 balazos. Los homicidios ocurrieron en la villa de emergencia San Petersburgo, donde hubo una pelea entre dos grupos rivales por el control territorial de la zona. A raíz del tiroteo, Ramón Gómez (28) apareció muerto de tres balazos cerca de la Unidad Sanitaria Ramón Carrillo, en Ciudad Evita, por lo que creen que su cuerpo fue arrojado desde un auto. Además, Carlos Basán (41) fue trasladado de urgencia al Hospital Paroissien, de Isidro Casanova, donde murió poco después.¿No era que la batalla entre pandillas era un problema de Rosario? Mmmmmmm, Berni sigue meando fuera del tarro o se pasa se alcahuete. 

Página/12, martes 14 de mayo de 2013